las palabras...



SOLITARIO

por Eduardo Cerdá. Director Paleolítico Vivo

 

 

Realmente, a la vejez viruelas. Yo creí que me las sabía todas y que podría campar a mis anchas a lo largo de las sierras del mundo, ahora tengo que contentarme con merodear por los desmontes facilones y encaramarme en los bajos de las barranqueras”

 

Así comienza Solitario, un relato narrado en primera persona por nada menos que un jabalí metido a literato. Es uno de esos cuentos para adultos, que desde las primeras sílabas enamora y le hace a uno desear de todo corazón tener al marrano en casa, durmiendo a los pies de la cama, perdonándole gruñidos y garrapatas.

 

Los libros, esas fuentes inagotables de sensaciones, que nos hacen salir del propio cuerpo para viajar, reencarnarnos en otros, y sobretodo sentirnos vivos.

 

 

Este hermoso periplo, fresco y montaraz, fue escrito por Jaime de Foxá y publicado en Enero de 1960. Jaime de Foxá y Torroba, aparte de ingeniero de montes, escritor, deportista, político y aristócrata, fue mentor y gran amigo de nuestro Félix Rodríguez de la Fuente.

Cuando uno se mete entre las pelambres de “Solitario” y trota libre por las parameras reviviendo sus desventuras, que una tras otra fluyen en cascada a lo largo del papel, se enorgullece del privilegio de palpar esos rincones y gozar de esa compañía. Y entonces, automáticamente, comienza a sospechar que el maestro Félix debió también galopar a lomos del cochino degustando repetidas veces esta historia, que le marcó de por vida.

El lenguaje es exquisito, la prosa describe el campo de un modo magistral y acompaña  detalles y percepciones que hacen al lector llegar a oler los tomillos y a sentir la humedad de la noche en las escarpaduras de Sierra Morena. De algún modo obliga a abrazar recuerdos y a mitigar indiferencias por la naturaleza.

 

Cómo huelen la tierra llovida, el jaral mojado, la leña empapada, secándose a los soles de la primavera recién nacida!...”

 

Foxá, siendo cazador,  utiliza a su avatar “Solitario” para  confesar sus preocupaciones ecologistas en los albores del conservacionismo. Y lo hace, penetrando desde las navajas, con inquietudes filosóficas a través del animal, con plena conciencia y un sólido docto discurso.

Lanza críticas feroces al mal cazador; “El hombre es cruel; mata por matar; para hacer sangre. Por si solo, hace más estragos que los lobos, la peste y la vejez unidos.”

A sus rehalas de perros que traicionaron vilmente las nobles leyes de la naturaleza;

 “Los hombres sienten cierto respeto por estas criminales alimañas e incluso rodean de fantasías y leyendas macabras todas sus correrías. Puede que también sea esta en el fondo una manera de vengarse del hecho de que los lobos no sean fundamentalmente otra cosa que unos perros rebeldes que se han negado a firmar con ellos pactos de servidumbre.”

 

Los paisajes son evocadores hasta el punto de llegar a vislumbrarlos entre las letras, y los sonidos del espíritu de los bosques se dejan escuchar entre sus hojas.

Haga un esfuerzo el lector por abstraerse un instante, y tratar de leer el siguiente alegato por la defensa y la protección del único hogar que ostentamos, imaginando la voz de La Aventura de la Vida recitando estas palabras. Si capta el mensaje, entonces sabrá a qué me refiero.

 

La sierra se muere. Se la ve envejecer y entristecerse; perder lozanía y frescura; envilecerse en cerros polvorientos cruzados por llagas de hendidas torrenteras.

 

Ellos -los hombres- verán si les conviene. Si les compensa a la postre rodearse de fealdad y de páramos sin sombra ni misericordia con tal de recoger cuatro granos  de centeno enfermizo, unas tablas de madera nudosa o mezquinos montones de pedruscos metálicos.

 

A nosotros esta sucia invasión nos acorrala, nos hunde.

 

Dentro de algunos años, la incomparable y perfumada Sierra de Andujar, será un vulgar y soleado paraje, cuadriculado de roturaciones entre la osamenta mineral de las peñas desnudas… Y sobre el esqueleto de los cerros sin vida volará como la sombra de una nube el recuerdo de los montes oscuros que guardaban en horcajos de misterio y umbrías penetrables el milagro ágil y gimnástico de los ciervos arrogantes y  de los peludos jabalíes…”

 

 

“Solitario” se reeditó en 2017, algo que invita a recechar por las librerías hasta darle merecida caza, y que engalane la biblioteca como un medalla de oro. Porque como afirman los sabios, quien tiene un libro, tiene un tesoro.

 



 

LAS SERPIENTES,

¿UN MIEDO IRRACIONAL?

por Estefanía Muro. Bióloga responsable de Paleolítico Vivo.

 

Hemos entrado en la primavera, una época cargada de belleza, luces, colores y olores, que despiertan decenas de sensaciones en nosotros. Sin embargo, me voy a aprovechar de ella para atravesar una línea no tan amable. Vamos a cruzar la frontera de la sensibilidad.

 

En esta época despiertan de su letargo o brumación, como sería correcto llamarlo, decenas de reptiles y anfibios. La hibernación, palabra que solemos usar para definir este descanso, es algo exclusivo de los animales de sangre caliente. Bien, pues con ese despertar también lo hace un temor instintivo en el ser humano, el miedo a los ofidios o serpientes.

 

En la era de las comunicaciones es habitual encontrar en redes sociales, sobre todo al arrancar la primavera, centenares de fotos de estos seres maravillosos. Por desgracia, la gran mayoría no son para hacerse eco de su belleza, o con la curiosidad de saber de qué especie se trata. Casi todos requieren saber si son o no venenosas o advertir del peligro de haberlos visto en las cercanías de un parque, en un camino o a la orilla de un rio….. y, lamentablemente muchas de ellas han pasado ya antes por el filtro del desconocimiento y sus fotos solo muestran un cuerpo inerte. 

 

No hace falta pasear por el campo y encontrar una serpiente para pegar un salto y dar un grito, a veces la camisa de una de ellas es suficiente, o ni siquiera eso, una ramita de caprichosa forma o una cuerda retorcida mandan una señal a nuestro cerebro de peligro. Es algo inevitable para la mayoría. Pero, ¿nacemos con este miedo o lo hemos aprendido?

 

Pues bien, cada vez son más los estudios que confirman que este miedo está programado en nuestro cerebro, fruto del aprendizaje y las experiencias relacionadas con la vigilancia y el miedo desde hace cientos de miles de años. Está escrito en nuestra historia.

 

Hace ya más de una década la antropóloga Lynne A. Isbell, viene defendiendo que ciertas regiones de nuestro cerebro, en concreto el núcleo pulvinar del tálamo, evolucionaron para detectar y evitar a las serpientes, algo así como un grupo de “neuronas selectivas” en el cerebro humano y el de otros primates, que disparan su actividad mucho más al ver ofidios que otras amenazas más peligrosas.

 

Más recientemente se ha decidido estudiar esta respuesta en el humano. Si bien en nosotros esto es mucho más complicado porque en multitud de ocasiones no se puede discernir si el miedo viene condicionado. Para intentar aclararlo, los últimos experimentos se han realizado con bebés de 6 meses, los cuales desconocen el daño que una serpiente podría originarles. Para facilitar la tranquilidad del niño, pero evitar el condicionamiento, los bebés estaban con sus mamás, eso si, ellas no podían ver las imágenes que se mostraban a sus hijos. Al ver las fotos de serpientes las pupilas de los niños se dilataban mucho más que con otras imágenes de formas y colores similares, una clara señal de alerta o estrés.

 

Pero hay algo aún más fascinante. Hoy la ciencia tratar de buscar si ese pánico ancestral facilitó el desarrollo de nuestra agudeza visual. Esto se debe a que la reacción de todos los primates no es la misma frente a este tipo de miedo. Los monos del nuevo mundo o los lémures, demuestran un pánico menor que los monos del viejo mundo, entre los que se encuentran los chimpancés y nosotros. Y curiosamente, los primeros ven peor que los segundos. La visión es el sentido que separa a los primates de otros mamíferos. Muchas de las estructuras y mecanismos de nuestro cerebro van ligadas a la visión y nada nos despierta más la atención que el miedo ante un peligro

 

Así, que quizás nuestra visión se la debamos a estos seres ápodos que tanto desagrado nos causan. Es una pena que con los tiempos que corren hoy, en plena pandemia del coronavirus, un cambio climático galopante o la desaparición de miles de especies, nuestra visión no nos ayude a detectar el peligro. Sería bueno, empezar a luchar por no acabar con todo aquello que se arrastra, sea o no peligroso, y focalizar nuestra energía y miedos en luchar contra lo que verdaderamente importa

 

 

 


 

CARTA A LA “NUEVA NORMALIDAD”

 

por Gerardo Rodríguez Mirallas. 

Profesor de biología en el Colegio Ntra. Sra. Del Carmen de León y Documentalista del proyecto de divulgación “El Juego de Darwin”

 

Lemra, Caroloi y Maison, junto a otros dos moranis de la etnia masai, nos han acompañado a profesores y alumnos hasta los vehículos en el campamento al pie de la montaña de Dios, el volcán Ol Donyo Lengai, un titán con alma de fuego que vigila el lago Natron en el Rift africano.

 

Regresamos ya a España para estar con la familia y asistir a clases teóricas presenciales de otras materias. Allí seguiremos preparando nuestro próximo viaje, gracias a las becas intercontinentales Arsuaga plus, a bordo del buque-colegio Félix Rodríguez de la Fuente (ballenero noruego reformado y propulsado con un reactor nuclear de fusión atómica) para la investigación, la educación y el fomento de las ciencias de la Tierra y del medioambiente, con destino a las islas Aleutianas…

 

Las antiguas pandemias del Covid-19 y el llamado Siberia-22, una cepa bacteriana mortífera procedente del permafrost boreal, sirvieron para instaurar los nuevos métodos de enseñanza a distancia o en pequeños grupos e impulsar de manera definitiva la protección del medio ambiente a escala mundial para frenar el cambio climático, la pérdida de diversidad y la mitigación de las zoonosis. Gracias a la implantación de los métodos de teletrabajo surgidos a raíz de los citados incidentes sanitarios, la formación teórica se solventó mediante videoconferencias y en la actualidad las proyecciones holográficas sustituyen casi por completo las antiguas clases teóricas presenciales.

 

En el pasado, el fracaso de las consignas conservacionistas, no consolidaban nuevos concienciados porque el único público coherente con ellas era el que ya simpatizaba previamente. El gran público, y en especial el sector juvenil, no tenía interés en los bichos ni en la naturaleza en general. Los cauces de difusión que llegaban a las masas estaban saturados por seductores productos de fácil asimilación y publicidad. Las generaciones nacidas entre Rodríguez de la Fuente y el Covid-19 resultaban ser refractarias a la mayoría de los aspectos ambientales. Su estado de fosilización psicológica, por no haber tenido una infancia ligada al medio natural, sólo les permitía aceptar pequeñas medidas como el reciclaje. El único cauce para vehiculizar el conocimiento ambiental pasaba por la digestión inconsciente de la cultura a través de formatos edulcorados o anecdóticos sobre un armazón de “reality” o espectáculo, con píldoras chocarreras y procaces. Había una fuerte oposición a la “clonación de memes” que mezclaban la solemnidad de los osos pardos cantábricos, la majestad de los leones del Serengueti, o la trascendental actividad de las abejas, con las groserías de la vecina rubia.  La competición entre la difusión de la cultura y de la bobada, era semejante a la que había entre la gran hamburguesa kahuna o las gominolas, y la ensalada poco aliñada o el pollo a la plancha y sin sal; la mayoría prefiere la primera opción, aunque sea la menos sana. El debate abierto sugirió un origen en el llamado “Lamarkismo cultural” según el que la irresponsabilidad social y la negligencia gubernamental se derivaba de la consideración de que en cada generación había una adopción tácita de la cultura y valores de las precedentes. 

 

El despertar de las pandemias y otras pesadillas abisales, en forma del último de los cuatro jinetes, indujo un cambio necesario y definitivo. La verdadera contrición social podemos evaluarla ahora según los nuevos comportamientos y no por los motivos, que siempre fueron conocidos y eficazmente ignorados. La renovación del sistema educativo dio sus mayores frutos con la potenciación de materias de índole social, sanitaria y práctica (y entre las disciplinas prácticas el mayor protagonismo lo cobraron las relacionadas con la conservación de la vida). Fue traumática la adaptación de los docentes. Los profesores de todas las áreas tuvieron que formarse por la vía rápida para la educación transversal de una materia universal, la biología, pero no fue algo progresivo; era mejor arrancar la tirita de golpe y quien no lo hizo pasó al sector laboral “María Antonieta”.

 

Hoy las nuevas generaciones poseen unos valores sin los que no se podría haber sobrevivido como civilización a las calamidades sanitarias pasadas. No se trata de meras directrices de índole instrumental para soslayar multas, se trata de valores vitales.

 

La obligatoriedad de la educación física y alimentaria, tanto en los distintos niveles educativos como en todos los entornos laborales, ha permitido un inmenso ahorro al sistema sanitario durante décadas, incluso en las consultas de traumatología, a pesar de lesiones deportivas articulares y musculares. La gente es ahora más fuerte, sana y tiene más resistencia en su trabajo por lo que la incidencia en la economía compensa con creces los desastres derivados de las burbujas inmobiliarias y los lucros cesantes por el impacto de las pandemias. Pero no sólo eso; el cambio de alimentación redujo el consumo de agua para cultivos forrajeros, la disminución de la ganadería intensiva, el gasto de agua dulce y las emisiones de CO2. El rechazo hacia ingredientes como el aceite de palma y el compromiso de territorios como Wallacea han permitido la recuperación de inmensas extensiones de selva tropical.

 

Las ciudades son ahora verdaderos titanes. Gracias a la educación en sostenibilidad ahora se gestionan racionalmente y de forma perdurable, a semejanza de las nuevas colonias experimentales instaladas en marte y la luna. Así León (donde se incardina la dirección de nuestro centro educativo) como otras muchas pequeñas ciudades españolas y europeas, ha podido asumir los esfuerzos para convertirse en ciudad inteligente (“Smart-city”). La expansión de la urbe se ha contenido gracias al diseño funcional de la nueva arquitectura piramidal o retranqueada, que permite la entrada del sol en las calles, la circulación del aire, unificación visual del patrón estético de la ciudad, la construcción ilimitada en altura y la mejor gestión energética posible, en lo que se incluye la implantación de paneles solares, hasta la finalización de las nuevas centrales de fusión atómica no contaminantes. Las megapirámides y las “cordilleras de cristal” (largos edificios de sección vertical triangular) permiten prescindir del transporte en vehículos individuales casi por completo ya que todo está próximo a pie. La calidad del aire y el uso del agua residual y de lluvia han mejorado gracias a la presencia de jardines verticales que actúan como depuradoras de agua y aire, además de aislantes térmicos.

 

Los jóvenes como nuestros alumnos, y ya muchos adultos, son capaces de diseñar su propia dieta en consonancia a su actividad y perfil anatómico y genético.  Debido a ello, la demanda de alimentos ecológicos, de temporada y producidos “in situ”, ha favorecido la economía local y ha sido un revulsivo para los entornos rurales. Una de las consecuencias más vistosas es el resurgimiento de los minifundios y los paisajes culturales tradicionales asociados a la agricultura y ganadería extensiva. El mundo rural acoge ahora a mucha más gente joven, en especial mujeres, que practican el teletrabajo.

 

La pirámide poblacional se está corrigiendo gracias al sistema de incentivos fiscales variables para cada intervalo generacional. Los niños y los jóvenes, con sensibilidad hacia la naturaleza, son el principal activo para sostener una sociedad cada vez más longeva. Este sistema ha sido exportado a todos los continentes gracias a su eficacia, aunque al principio sus detractores rechazaban la gestión de la especie humana de manera fría y maquinal, como si se tratase de pollos del KFC o pinos de repoblación. Sin embargo, con el paso de los años y su aplicación progresiva ha permitido una disminución de la población mundial hasta casi estabilizarse en los seis mil millones de personas.

 

Con la educación actual, las nuevas generaciones no sólo conocen monumentos como la catedral de León o de Burgos, la Sagrada Familia, El escorial (reconstruidos tras los inesperados seísmos de finales de la década de 2020); El sistema educativo prioriza la educación y el conocimiento del mundo vivo y el fomento de la capacidad de comunicación y las relaciones sociales, sin menoscabo del conocimiento de lo inanimado, lo histórico o las grandes obras humanas. Hoy la sociedad no adolece de la tradicional incultura biológica. Las personas conocen el valor de la naturaleza y de las especies, para poder gestionar, conservar y obtener rendimiento económico.

 

La célebre consigna “protegemos lo que valoramos, valoramos lo que conocemos” fue completada y concretada por otro lema “una cultura que no incluye esencialmente el conocimiento del mundo vivo pierde la lógica del propio concepto de cultura, porque la cultura está al servicio de la vida”.

 

El debate en el pasado, tras las pandemias, radicó en no restar importancia a la historia, la filosofía o el arte, para ponderar la biología, la antropología, la educación física, la oratoria, las nuevas tecnologías y la economía. Para ello se diseñaron trenes y barcos-escuela en los que miles de estudiantes de todo el mundo podrían relacionarse a través de diferentes idiomas y, sobre todo, conocer el funcionamiento de los grandes procesos vitales de nuestro planeta, viviendo las experiencias más impresionantes en los parques nacionales más representativos del mundo. Paralelamente, los largos viajes por el mundo han permitido destinar, ordenadamente, lapsos para el aprendizaje de otras disciplinas, cada vez más prácticas o al menos con un enfoque más utilitario.

Actualmente, nuestro programa de viajes, realizado con alumnos desde los 13 años hasta los 20, ha pasado por tres etapas que han sido documentadas a través de plataformas transmedia.

 

La primera etapa, viajes para el conocimiento de los ecosistemas de nuestro entorno inmediato (el parque nacional de los Picos de Europa, las reservas de la biosfera de Alto Bernesga, los Argüellos, Babia y Luna, Laciana y Omaña, y las lagunas de Villafáfila) durante los dos primeros años. Para finalizar la primera etapa, la fase de concienciación final se ha venido haciendo en el gran parque de Paleolítico Vivo, en Burgos, transformado en un “arca de Noé”, próximo al yacimiento paleontológico de Atapuerca.  En la segunda fase recorrimos la mayoría de los museos ecosistémicos o parques nacionales españoles. En la última fase hemos recorrido algunos de los parques nacionales y espacios más representativos del planeta, como en este último viaje en el que visitamos la impresionante caldera del Gnorongoro, un resumen de África, o el inmenso Serengueti, donde los alumnos aprendieron la importancia ambiental, para el planeta y económica para estos países, de las especies clave como los ñus. La visita a la Garganta de Olduvai y el encuentro con los Hadza, los Datoga y los Masai, les ha proporcionado una visión única de nuestra propia especie. Hemos visitado las tundras de Siberia, Estepas como las de Mongolia, Selvas como las de Borneo, Taigas como las del lejano oriente, desiertos como el de Atacama o zonas de afloramiento como la creada por la corriente de Humboldt. Los biomas y los paisajes más impresionantes del planeta para conocer y divulgar la sensibilidad hacia este planeta que debe ser cuidado.

 

Por fin podemos afirmar que la educación bien dirigida ha permitido reprimir los ciclos de retroalimentación destructivos del planeta, aniquilar pandemias y enfermedades hasta dar el salto de la vida a Marte donde la colonización está siendo efectiva y exitosa.

 

Campamento de Natron (Tanzania)

15 de febrero de 2050

 

 



 

La Mujer WoDaaBe

por Susana Callizo.

 

Graduada en Antropología social y cultural, y redactora de la revista digital Anthropologies.

 

 

En una noticia de julio de 2015 los medios publicaban un artículo con el titular: "Wodaabe, la tribu en la que las mujeres tienen el poder y todos los maridos que quieren". La conclusión precipitada que uno saca al leer algo así es que las mujeres WoDaaBe ostentan el poder político dentro del grupo, derivado de la poliandria. Incluso en algunas noticias se hacía referencia a que la mujer tiene el poder precisamente porque elige a su marido y porque goza de libertad sexual. En ocasiones, la información puede dar lugar a equívocos y a falsas concepciones e interpretaciones, por lo que debe contrastarse.

 

Una de las antropólogas que más ha estudiado a esta etnia es la islandesa Kristín Loftsdóttir. A juzgar por los trabajos y análisis que ha realizado, tendría mucho que decir acerca de tal titular.

 

Pero antes de meternos de lleno en sus conclusiones, vamos a presentar brevemente esta comunidad tan llamativa como apasionante.

 

Los WoDaaBe son un subgrupo del pueblo Peul o Fulani, gran grupo étnico semi sedentario. También se les conoce como Bororo (no confundir con los Bororo de Brasil) o Mbororo. A diferencia del resto de Fulani, se trata de un pueblo nómada pastoral que se mueve por las sequedades del Sahel, en el sur de Níger, aunque también llegan hasta Nigeria, Camerún, Chad y República Centroafricana. Hablan la lengua Fula y no tienen escritura, practicando la tradición oral.

 

WoDaaBe significa "gente de los tabú". Se rigen por un estricto código moral y de comportamiento llamado Pulaake, en que destacan los valores como la discreción, la modestia, la paciencia y la fortaleza, entre otros.  Ejemplos de prohibiciones son no mirar directamente a los ojos a alguien al saludarlo, no coger la mano de la esposa en público por el día, llamarla por su nombre o dirigirse a ella de una manera personal. Tampoco los padres deben hablar directamente con su primer o segundo hijo ni llamarlos por su nombre.

 

Los WoDaaBe tienen un gran respeto hacia las relaciones humanas, la belleza física y el entorno natural del que dependen. Se trata de un pueblo pacífico, hospitalario y no agresivo.

"Somos como pájaros en el bosque", decía un anciano. "Nunca nos asentamos, y no dejamos rastro de nuestro paso. Si hay extraños que se acercan demasiado, volamos a otro árbol".

Los WoDaaBe se autodenominan el pueblo más hermoso del mundo. Los hombres suelen llevar túnicas y turbantes azules o blancos. Las mujeres llevan vestidos de tela oscura, con faldas largas hasta la rodilla y muchas joyas. Se practican al menos seis orificios en las orejas, donde colocan grandes aros de oro o plata. También lucen brazaletes en los tobillos que les hacen dar “pasos de vaca”, muy apreciados en esta cultura pastoril. Llevan el pelo largo, que cardan en una especie de gracioso rulo sobre la frente. Se pintan los ojos con lápiz negro y dibujan en la cara diseños florales y geométricos muy imaginativos. Llevan tatuajes faciales en la frente, barbilla y bajo las sienes, pudiendo consistir en escarificaciones.

 

 

 

En cuanto a la religión, practican un sincretismo combinando una vaga fe en Alá como dios supremo y una firme creencia en los espíritus de la naturaleza y sus ancestros.  

 

Varias ceremonias y fiestas forman parte de sus tradiciones. El Cure Salée es una fiesta que se realiza en Níger, concretamente en la villa de In Gall, donde cada año los WoDaaBe, los árabes y los Tuareg se reúnen para celebrar el término de las lluvias y el crecimiento de pastizales en el desierto. Aquí se inician las caravanas de la sal que cruzarán el Sahara en busca de este mineral.

  

 

Días después del Cure Salée, se celebra una de las fiestas más increíbles entre los WoDaaBe: el Worso. Se trata de una fiesta en la que los miembros de cada linaje se encuentran para celebrar nacimientos, matrimonios y bautizar a los niños:  los WoDaaBe no los nombran al momento de nacer, pues creen que el espíritu de la muerte no ve a los niños sin nombre.

 

Tiempo después comienza el Geerewol, una gran y colorida danza en la que los hombres, la belleza y el encanto son los protagonistas. El Geerewol permite a hombres y mujeres buscar lazos fuera de su linaje.

 

Mediante danzas y cantos los hombres buscan seducir a través de demostraciones de talento y belleza. Los hombres se maquillan resaltando los dientes y los ojos utilizando arcillas de colores del desierto, huesos machacados de garcetas y lápiz negro. Para fomentar su atractivo usan perfumes elaborados a partir de plantas del desierto.

  

 

Además se visten con sus mejores ropas y un turbante blanco para comenzar una danza donde a través de muecas, movimientos de ojos y labios, bizqueos, muestra de sus dientes e inflado de sus mejillas se haga alarde de su hermosura. Los hombres se disponen juntos en línea recta, hombro con hombro, desplegando todo su encanto durante  horas, donde además de belleza se miden su fuerza y destreza.

 

 

Tres juezas, elegidas por su belleza y linaje, deben escoger al más hermoso a través de un gesto sutil con el brazo.

  

 

Sin duda se trata de una de las celebraciones más vistosas y coloridas que existen. Y es cierto que tres mujeres eligen a tres hombres para pasar la noche con ellos, o incluso para casarse. Pero no  debe basarse toda la estructura sociopolítica de los WoDaaBe en una sola ceremonia. Veamos cuál es su organización y qué papel desempeña la mujer.

 

Se trata de sociedades descentralizadas, sin estado, basadas en la familia extensa patriarcal. Varias decenas de parientes integran el grupo: los hermanos varones, sus esposas, los hijos y los ancianos, que viajan incesantemente a pie, en camello o en burro. Solo permanecen unos días en cada lugar. Siguen el patrón organizativo que ya describió Evans- Pritchard para los Nuer: durante la temporada seca se disgregan mientras que, en la lluviosa, se reagrupan. Se trata de una estrategia adaptativa para maximizar las posibilidades de supervivencia.

 

Se dividen en dos linajes básicos, con origen en dos hermanos (Ali y Degi). Cada linaje se divide en segmentos cada vez más pequeños, estando cada segmento dirigido por una autoridad, el ardo. Esta figura hace de enlace con el gobierno, ayudando con la recaudación de impuestos. Además posee autoridad para resolver disputas entre los miembros de los linajes. Influye también en la toma de decisiones sobre las migraciones y los movimientos estacionales. Se trata de una posición tradicionalmente heredada del padre al hijo varón primogénito, aunque existen excepciones. Otra figura de autoridad la conforma el lamido, la cual no estuvo exenta de numerosos problemas durante la época colonial.

 

Se practican dos tipos de matrimonios: el matrimonio de conveniencia o kobgal, y el de mutuo acuerdo o teegal. El matrimonio de conveniencia suele llevarse a cabo mediante pactos entre los padres cuando los novios son todavía muy jóvenes. Son pactos para aumentar el prestigio social del linaje y en los que el amor no interviene. Un aspecto interesante es la diferencia que existe entre las esposas de los distintos matrimonios. La esposa kobgal tiene derecho a la leche de las vacas, la teegal no. La primera puede ejercer ese derecho porque sus padres le han ofrecido esas vacas al marido al unirse en matrimonio pactado. La segunda no puede ejercer el mismo derecho sobre la leche de esas vacas, aunque el esposo puede darle vacas que haya comprado o adquirido por otros medios.

 

El Geerewol supone una versión legalizada del robo de esposas, ya que las mujeres permiten ser robadas por los hombres que ellas eligen, tanto si son solteras o solteros como casadas o casados. La esposa robada, en caso de estar casada y tener descendencia, deberá dejar a sus hijos con su primer marido. De esta forma se garantiza la herencia paterna a la vez que se facilita la formación de nuevas parejas.

 

Existe una marcada división sexual del trabajo. En sus incansables viajes, las mujeres deben transportar sus pertenencias. Ayudadas por burros, llevan aquí y allá camas, alfombras, los vestidos ceremoniales y los cotidianos, sus utensilios de cocina, las calabazas, los sacos con semillas de mijo, las crías de los animales y sus propios hijos. Son ellas también las encargadas de construir su casa. Su existencia está repleta de ocupaciones. Cuando los hombres regresan al campamento después de atender el ganado, se relajan tomando un sabroso té. Mientras, ellas ordeñan las vacas, acarrean agua, leña para el fuego y buscan alimentos cuando la leche escasea. Su papel es opuesto y complementario al del hombre. Están orgullosas de los callos de sus manos, signo de su laboriosidad.

 

Bien es cierto que un hombre sin esposa es un hombre sin casa. La casa y los objetos que hay en su interior son propiedad de la mujer, y por ello, ella es responsable de su transporte. La riqueza del hombre se mide en la cantidad de cabezas de ganado e hijos que tiene. La de la mujer, en la cantidad de calabazas que posee. Sin embargo, el cabeza de familia siempre es un hombre. Se trata de una comunidad patrilocal en la que existe además división sexual del espacio. La casa WoDaaBe (wuro) está formada por varias unidades (suudu). Cada suudu pertenece a una esposa y está formada por una cama y una mesa, junto con las demás pertenencias que pueda tener (entre otras, las calabazas, que suelen usarse también como elemento decorativo de la casa). Cada mujer pasa la mayor parte del tiempo dentro de su casa o alrededor de ella. Allí recibe a amigos y familiares. El esposo decide dónde construir el wuro, cómo y con quién.

 

El Pulaake establece muchas prohibiciones entre los WoDaaBe. Muchas de ellas se refieren a las mujeres: Uno de los tabús es limitar estrictamente el contacto físico entre la madre y su hijo salvo para amamantar.

 

Existe la poliginia y la poliandria. Las mujeres solteras gozan de libertad sexual y tanto solteras/os como casadas/os pueden encontrar amantes u otros cónyuges en la fiesta del Geerewol.  Sin embargo, no es acertado afirmar que el poder descansa en las mujeres por este motivo. Sigue siendo una sociedad patrilocal, con cabezas de familia varones, cuya autoridad máxima es la figura de un hombre, etc. Por un lado, las adolescentes, denominadas surbadjo, disponen de una completa libertad sexual. Pueden mantener relaciones sexuales con cualquier hombre (amantes ocasionales o con un novio) siempre que respeten el tabú del incesto. Esta fase está orientada a favorecer los embarazos exogámicos.

 

El problema reside en que esta libertad se acaba con el embarazo. En cuanto la joven está gestante, se celebra rápidamente el matrimonio con su esposo oficial y la mujer pasa a ser una bofido, que  quiere decir “la que ha cometido un error”. Entonces desaparece completamente de la escena social durante una larga etapa, en la cual se convierte en un ser invisible incluso para los de su propio linaje. Lleva el cuerpo y la cabeza cubiertos de tela negra, no puede llevar ningún adorno, no puede saludar ni mantener relaciones sexuales, todo lo cual constituye un enorme sacrificio en esta cultura alegre y vistosa.


La joven deja entonces la casa del marido y vuelve con sus padres. Durante dos o tres años no ver
á a su esposo ni a los familiares de éste. También permanece recluida durante las fiestas anuales. Cuando termina ese período se convierte en yaridjo, es decir, en mujer casada. Entonces ya puede vestir nuevamente ropas de colores y reanudar el trato social. La yaridjo aún permanecerá uno o dos años más en casa de su madre. En ese período ya puede visitar al esposo pero no con su hijo. Se trata de un verdadero rito de paso que sigue la estructura de separación - fase liminal o margen - agregación. Lo que busca es asegurar el compromiso de la mujer con el hogar. Con el encierro pasa de mujer accesible a esposa.r

 

Para “in-corporar” (siguiendo a Pierre Bourdieu) este tránsito, para marcarlo corporalmente, la mujer se ve sometida a un largo y doloroso proceso que deja caídos sus pechos para siempre, tirando de ellos hacia el suelo. Con esa práctica se señala simbólicamente el fin del deseo sexual del varón hacia ella y su dominación. Loftsdóttir afirma que la gran libertad sexual de que gozan las adolescentes no es ningún símbolo de su independencia y del poder femenino en esta sociedad. Por el contrario, se erige en condición para asegurar su dominación posterior.

 

 

 

Referencias:

http://www.abc.es/internacional/20150708/abci-wodaabe-tribu-mujeres-varios-201507081213.html

http://www.njas.helsinki.fi/pdf-files/vol10num3/kristin.pdf

http://jpe.library.arizona.edu/volume_8/Loftsdottir01.pdf

https://arizona.openrepository.com/arizona/bitstream/10150/110100/1/azu_gn1_a785_n14_81_98_w.pdf

http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2014/08/el-universo-femenino-entre-los-wodaabe.html?m=1

https://commons.m.wikimedia.org/wiki/Category:Wodaabe

http://www.nairaland.com/1018361/wodaabe-people

https://www.youtube.com/watch?v=3jCmEJ64bOU

http://culturasdelatierra.blogspot.com.es/2010/09/bororos-o-wodaabes.html

http://anthropotopia.blogspot.com/2014/08/gerewol-el-festival-del-amor-en-el.html

DVD Planeta Humano BBC: Desiertos. National Geographic. Vol. 164, número 4.

 

  

 

 

 



 

Los estudios con ADN antiguo, los caballos Przewalski y la domesticación del caballo

       por Jaime Lira-Garrido.

 Investigador en BIOLOGÍA EVOLUTIVA, GENÉTICA, PALEONTOLOGÍA y ARQUEOLOGÍA. Asesor Científico de PALEOLITICO VIVO

 

     Departamento de Medicina Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad de Extremadura. Avenida de la Universidad s/n, 10003 – Cáceres (España).

      Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos. Avenida Monforte de Lemos 5, 28029 – Madrid (España).

 

Hasta principios de 2018, cuando hablábamos de caballos podíamos clasificarlos según su estado doméstico en tres grupos diferentes: domésticos, asilvestrados y silvestres. Los caballos domésticos están representados por poblaciones de animales que crecen bajo el control de la influencia humana a partir de las cuales hemos creado las razas. Las evidencias más antiguas de caballos domésticos se han documentado en las estepas euroasiáticas y están asociadas a la cultura calcolítica de Botai. De hecho, en el yacimiento de Botai (al norte de Kazajistán) se han encontrado dientes de caballo de unos 5.500 años de antigüedad (~3.500 cal. aC) con unos desgastes muy característicos. Estas señales indican que esos caballos llevaron un bocado y, por lo tanto, indican que estos animales fueron controlados por el hombre. También descubrieron restos de cerámicas con evidencias de haber contenido leche de yegua, evidencia indiscutible de la presencia de caballos domésticos.

 

Por otro lado, los caballos asilvestrados proceden en origen de poblaciones domésticas que se escaparon del control de la mano del hombre y, durante muchas generaciones, sus descendientes han crecido en condiciones naturales sin el control humano. Este fenómeno ha sido muy recurrente a lo largo de la historia de los caballos domésticos. En la actualidad hay varias poblaciones de este tipo repartidas por el planeta y, un ejemplo son los caballos de las Retuertas que viven en el Parque Nacional de Doñana, en el sur de España.

 

Y por último están los caballos Przewalski. Esta población de caballos fue descubierta en Asia a finales del siglo XIX. Su rango de distribución comprendía territorios de Asia Central, norte de la República Popular de China y parte de Mongolia. Debido a diversas características (como su morfología considerada primitiva) se pensaba que nunca se habían domesticado y que representaban a los últimos caballos silvestres que quedaban en el mundo.

 

Sin embargo, los estudios paleogenómicos en caballos publicados a principios de 2018, han desvelado para los últimos 6000 años una historia completamente inesperada. La paleogenómica permite observar los cambios en el ADN de los individuos de distintas poblaciones a lo largo del tiempo y están revolucionando nuestro conocimiento. Entre otras, están ofreciendo información novedosa sobre las relaciones evolutivas, la dinámica en los tamaños de las poblaciones y su relación con diferentes fenómenos paleoclimáticos y también, sobre cómo ocurrieron determinados movimientos migratorios a lo largo de diferentes regiones geográficas. Los estudios paleogenómicos realizados sobre los caballos de la cultura de Botai, han demostrado que estos caballos no son los antepasados de todos los caballos domésticos actuales. Los caballos de la cultura de Botai se domesticaron y tuvieron descendientes domésticos pero, estas estirpes genéticas se acabaron extinguiendo y fueron reemplazadas por los antepasados de los caballos domésticos actuales. Una de las grandes incógnitas que destapó este resultado es que, los caballos actuales se domesticaron a partir de un lugar y de una población que todavía no conocemos.

 

Otro resultado inesperado de los estudios paleogenómicos está directamente relacionado con los caballos Przewalski. Durante el siglo XX se había considerado que estos caballos nunca se habían domesticado pero, los análisis con ADN antiguo han demostrado que estos caballos descienden de las poblaciones domésticas de la cultura calcolítica de Botai. Este resultado implica que los caballos Przewalski son, en realidad, una población asilvestrada procedente de esos primeros caballos domésticos representados por Botai y no una población estrictamente silvestre. De ese modo, en la actualidad, solamente quedan dos linajes genómicos entre los caballos: el de los caballos domésticos actuales y el de los caballos Przewalski y en el planeta, ya no quedan caballos silvestres.

 

No sabemos en qué región geográfica se domesticaron los caballos de los que descienden los caballos actuales. Se ha propuesto que, una vez domesticados en ese foco principal de domesticación, las poblaciones de caballos ya domésticas se desplazaron por el mundo conocido de la mano de diversas culturas y que, en esos desplazamientos geográficos, esos caballos se mezclaron con caballos silvestres de poblaciones locales. El ADN mitocondrial antiguo ha confirmado esta propuesta. Las mitocondrias son unos orgánulos que se encuentran alojados en las células y que tienen su propio material genético. Además, las mitocondrias (y su material genético) se hereda exclusivamente por línea materna. Todos tenemos mitocondrias, pero solo las hembras las trasmiten a su descendencia. A partir del análisis de ADN mitocondrial de restos de caballos ibéricos de distintas cronologías desde el Neolítico (~5000 cal. aC) hasta la Edad Media, se ha detectado un linaje mitocondrial exclusivamente ibérico que estuvo involucrado en la domesticación del caballo. Este descubrimiento lo hicieron miembros de Equipo de Investigación de Atapuerca, analizando el ADN de restos de caballos de los yacimientos ibéricos del Portalón de Cueva Mayor (en la sierra de Atapuerca) y de Cova Fosca (Ares del Maestre, Castellón).  Entre las poblaciones silvestres ibéricas neolíticas descubrieron un linaje mitocondrial exclusivo de la Península que posteriormente pasó a formar parte de las poblaciones domésticas, pero solo de las ibéricas y que, en la actualidad, todavía tiene representantes en algunas razas. Solamente está identificado en muy pocos ejemplares de razas ibéricas y de origen ibérico (Pura Sangre Lusitana, Criollo Argentino y Paso Fino de Puerto Rico). Este resultado indica que, al menos las yeguas ibéricas, estuvieron involucradas en el complicado proceso de domesticación del caballo. Su presencia entre caballos del continente americano sugiere que, cuando se descubrió el Nuevo Mundo y se enviaron colonos y animales a ese continente, en algún momento de los últimos 500 años embarcaron también caballos de este linaje mitocondrial y, esos caballos, jugarían un papel en la formación de algunas razas caballares americanas.

 

Para saber más:

 

Gaunitz, Charleen, et al. 2018. "Ancient Genomes Revisit the Ancestry of Domestic and Przewalski's Horses." Science 360: 111-114.

En este artículo se detallan las relaciones filogenéticas entre los caballos de la cultura de Botai, los caballos domésticos modernos y los caballos Przewalski.

 

Lira Garrido, Jaime, et al. 2010. "Ancient DNA Reveals Traces of Iberian Neolithic and Bronze Age Lineages in Modern Iberian Horses." Molecular Ecology 19(1): 64-78.

Este estudio identificó el linaje mitocondrial exclusivamente ibérico entre muestras neolíticas, de la Edad del Bronce y modernas de razas ibéricas y de origen ibérico.

 

Outram, Alan K., et al. 2009. "The Earliest Horse Harnessing and Milking." Science 323(5919): 1332-1335.

Este estudio identificó en segundos premolares inferiores de caballos nuevas señales de desgaste asociadas a bocados y, además, detectaron cerámicas con restos orgánicos de haber contenido leche de yegua.

 

 

Recursos en la red:

 

Lira Garrido, Jaime (2015) Rastreando los orígenes de la domesticación del caballo en Iberia: ADN antiguo y la evidencia de Atapuerca. Dendra Médica Revista de Humanidades 14 (2): 163-175. (http://www.dendramedica.es/revista/v14n2/2_Rastreando_los_origenes_de_la_domesticacion_del_caballo.pdf)

 

Lira Garrido, Jaime y Jordá, Jesús (2019) Entrevista en CanalUNED, serie Geografía e Historia en Radio 3 “La domesticación del caballo en Iberia a partir de los datos de ADN”. (https://canal.uned.es/video/5c7e3753a3eeb03b678bd10d)



 

 

ALGO MARAVILLOSO

por Eduardo Cerdá. Director de Paleolítico Vivo

 

 

Hay fenómenos naturales que escapan a la razón del profano y que de un modo especial tocan en lo profundo, inspiran y despiertan gran curiosidad. Esos fenómenos, en ocasiones, se ven a simple vista pero son inalcanzables y afortunadamente quedan muy lejos de la mano del poderoso ser humano que domina nuestro planeta con mano de hierro.

 

 

 

Uno de ellos, de ellas, es estelar, seguramente sea una de las favoritas entre todas las estrellas para quienes otean embobados los cielos en la noche, vive a tan solo 600 años luz de nosotros y se llama Betelgeuse.

 

Betelgeuse viene del árabe Bait al-Jauza que viene a significar "El hombro de Jauza", siendo Jauza un ser mitológico, inicialmente ligado, por los antiguos árabes, a Géminis y posteriormente asociada con la constelación de Orión.

“El Cazador”, siempre ahí, dominando el espacio infinito como el centinela mayor de los reinos siderales. Orión es una galaxia fascinante con muchas leyendas que relatarnos, pero sin duda su estrella mas alta, es la que da sentido a muchas de las cosas que nos atemorizan y nos sacuden con un baño de humildad en nuestro lapso por la madre Tierra.

¿Y podría evocar ese desahogo en la conciencia de muchos viéndose vulnerables en las barbas de Betelgeuse?  Pues simplemente porque ahí donde la veis, se está muriendo.

Hasta los mismísimos dioses tienen su ocaso anotado en un calendario. El propio universo tiene fecha de caducidad, aunque algunos prefieran no saberlo.

 

Betelgeuse se sitúa, en nuestro hemisferio, sobre el famoso cinturón de Orión y a la izquierda. Se puede ver a simple vista. Es rojiza, brillante, hermosa y verdaderamente seductora. Yo la llamo, la Oropéndola de la noche.

 

Se trata de una supergigante roja cuyo diámetro es mayor de 1.200.000.000 kilómetros y sería capaz de albergar 1400 soles como el nuestro. Esta estrella, en el centro de nuestro sistema solar, se extendería hasta más allá de la órbita de Júpiter.

 

Su brillo, fue cayendo en los últimos meses hasta alcanzar unos niveles nunca observados. Esta estrella, ocupaba la duodécima posición en la lista de las más brillantes. Sin embargo, perdió brillo exponencialmente, hasta descender al puesto 21 el pasado mes de Febrero. Este dato, aunque produjo sobresaltos en la comunidad científica, no es del todo relevante ya que a día de hoy ha recuperado prácticamente su esplendor. Se trata de una estrella variable que sufre altibajos regulares en su intensidad lumínica. Aún con todo, Betelgeuse se apaga. Ha llegado a los 10.000.000 de años de vida y entrado en su fase final.

 

Estudios científicos recientes apuntan que Betelgeuse ha empezado a fusionar helio en su núcleo, que es el proceso que sigue la estrella cuando está agotando su hidrógeno. Es la denominada nucleosíntensis estelar. Tras culminar este proceso y el de quema de metales, entrará en colapso gravitatorio y estallará como supernova. Y esto podría suceder mañana o dentro de los próximos 100.000 años.

 

Para algunos, su estallido es “inminente”. Según el especialista en divulgación científica, José Manuel Nieves, cuando esto ocurra, se convertirá en la supernova más brillante jamás observada por el ser humano. En apenas unos días y durante varios meses, se volverá más brillante que la Luna llena evolucionado a una luminosidad menor similar al cuarto creciente en la siguiente fase. Se podrá observar de día y, por las noches, su luz será capaz de proyectar sombras.

 

Permanecerá en este estado durante más de tres meses, se verá durante el día durante un año y harán falta dos años más para que, finalmente, la supernova deje de ser visible. Entonces, su cadáver, con el tiempo, se transformará en una bellísima nebulosa.

Eso si es una hermosa forma de morir…

 

Hay testimonios escritos de supernovas como el sucedido el primero de mayo del año 1006.  Describe Frank Winkler del Middlebury College, que cuando Europa estaba sumida en las tinieblas del medievo, una brillante luz se encendió en el cielo nocturno. Brillaba el doble que Venus y sus rayos centelleantes permitían leer manuscritos en plena noche. El fenómeno fue corroborado por estudiosos de medio mundo, desde Arabia a China pasando por los monjes de la Abadía de San Galo, en Suiza.

 

Ante este panorama uno no puede dejar de recordar la aparición de Bowman ante Floyd en 2010, Odisea 2, advirtiéndole que debían abandonar Júpiter en dos días. Floyd pregunta lo que pasará en ese momento y Bowman contesta: «Algo maravilloso».

 

 

 

 

Agradecimientos:  Beatriz Varona, Astrofísica y creadora del Canal de divulgación “The Triz Bang Theory”

 

 https://www.youtube.com/channel/UCZGyAlUPQP3fCLJK81pRylQ

 

 

 

 



 

 

El BISONTE EUROPEO,

UNA PRESENCIA INVISIBLE

por Estefanía Muro. Biologa responsable de Paleolítico Vivo

 

 

Ya nos es familiar, e incluso cotidiano, escuchar nombres de asociaciones en defensa de la naturaleza y, son tantas, que a duras penas podríamos nombrar todas las de nuestro entorno más cercano. Pero esto no siempre fue así.

 

Mucho tuvo que cambiar en toda una sociedad para entender que debíamos proteger aquello que nos rodea. En España tenemos un claro ejemplo de este cambio, quizás el mejor que conozcamos: Félix Rodríguez de la Fuente, naturalista y gran divulgador. Félix fue capaz de colarse en cada uno de nuestros hogares y convencernos de que, entre otros muchos animales, un azor, por ejemplo, considerado una alimaña a extinguir, debía protegerse. Y no sólo eso, que se debían destinar medios para ello, ¡dinero para proteger el campo, al lobo…! ¡Impensable!

 

Y así, ante la responsabilidad de proteger o salvar de la extinción a ciertos seres vivos, fueron naciendo miles de asociaciones para la conservación de animales tan emblemáticos como el Lince Ibérico, el Quebrantahuesos o el Oso Pardo. Pero todo esto tiene un inicio: ¿en qué momento se establecen las normas y leyes para la protección de los seres vivos?

 

Proteger a los seres vivos

 

Ya, desde tiempos remotos, encontramos referencias a la protección de la Naturaleza;. Lo podemos ver en el Código de Hammurabi, de 1700 a.C., en la hermosa Carta del Gran Jefe Seattle de la tribu de los Swamish al presidente de Estados Unidos, en 1854, o en las declaraciones de grandes parque nacionales como el de Yellowstone (Estados Unidos) en 1872. Incluso España se convirtió en uno de los países pioneros en Europa en la carrera hacia la protección de la Naturaleza, con sus dos primeros parques naciones, el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (Asturias) y el Parque Nacional del valle de Ordesa (Aragón), ambos en el año 1918.

 

Sin embargo, no será hasta 1923, durante el I Congreso Internacional de Protección de la Naturaleza en París, cuando se plantee la idea de proteger a un ser vivo como tal. ¿Y cuál fue ese animal? Fue el Bison bonasus, nuestro Bisonte Europeo. Hubo de rozar la extinción para que el Homo sapiens prestase atención al más grande de todos los animales de nuestro continente. Así nació en Polonia la Compañía Internacional de Defensa del Bisonte (CIDB) cuyos fundamentos aún hoy marcan las principales líneas de protección del mismo.

 

Un camino de largo recorrido

 

Fue por tanto el bisonte, ese animal atávico que dibujaron nuestros antepasados en el interior de las cuevas, quien sentó las bases para que conservacionistas apasionados hayan apostado por proteger esta y otras muchas especies con el fin de secundar un reflorecer de la vida silvestre.

 

Pero este es un camino de largo recorrido, con una moneda de dos caras. Por fortuna, una creciente conciencia ambiental beneficia estos proyectos, pero, por desgracia y aún con los grandes esfuerzos que se realizan, muchos de ellos no están fuera de peligro. Algunos tienen un futuro muy incierto, como puede ser el Bison Europeo, el Lince o el Lobo Ibéricos, pero para otros el futuro es casi negro. Y es que no hay más que pensar en el destino del Urogallo Cantábrico. Su visibilidad puede ser quizás una de las esperanzas para su conservación.

 

Y de eso se trata, de dar visibilidad, pues aún hoy en día, a pesar de más de 80 años de conservación, el bisonte continúa siendo un gran desconocido para el público en general. Pocos saben que los bisontes europeos son animales que gozan de un carácter templado, que toda la población mundial desciende de 12 individuos o que están tan amenazados como el mismísimo rinoceronte negro africano.

 

¡Ayudemos a visibilizarlo!

 

 

Fuentes consultadas:  Asociación Centro de Conservación del Bisonte Europeo en España-EBCC os Spain.  Bison Rewilding Plan 2014-2024

 



 

 

SENTINEL DEL NORTE

 Susana Callizo Fernández

Graduada en Antropología social y cultural, y redactora de la revista digital Anthropologies

 

En noviembre de 2018 los medios se hacían eco de la muerte de John Allen Chau, un estadounidense de 27 años que se definía a sí mismo como “explorador de corazón”. Su sed de aventura unida a sus firmes creencias religiosas le llevaron hasta la isla de Sentinel del Norte, en el Archipiélago de Andamán y Nicobar, situado en el Golfo de Bengala. El Gobierno de India prohíbe acercarse a menos de cuatro kilómetros de la isla, por lo que John Chau llegó a ella con la ayuda de pescadores locales. Según la policía, intentó llegar en varias ocasiones, hasta que finalmente se despidió de los pescadores pidiéndoles que llevaran a un amigo suyo las notas que había tomado. A la mañana siguiente, el cuerpo de John yacía muerto en la playa.

El antropólogo británico Alfred R. Radcliffe-Brown pasó dos años (1906-1908) en el archipiélago, publicando en 1922 ‘The Andaman Islanders’, donde afirmaba la imposibilidad de realizar un trabajo satisfactorio sobre los Jarawa, Onge y Sentineleses debido a las dificultades del lenguaje.

Al antropólogo indio Trilok Nath Pandit le llevó más de dos décadas establecer contacto con los Sentineleses y los Jarawa. Como producto de sus investigaciones, se publicaron algunas obras como ‘The Sentinelese’ (1990) y ‘The tribal and non-tribal in Andaman Islands: A historical perspective’ (1985).

 

La antropóloga india Madhumala Chattopadhyay estudió durante seis años a las tribus del archipiélago, publicando en 2001 ‘Tribes of Car Nicobar’. En 1989 escribió ‘Meeting the Sentinel islanders. The last known of the Andaman hunters-gatherers’ junto a T.N. Pandit.

 

Si ni siquiera profesionales de la Antropología se vieron capaces de establecer contacto fácilmente, es impensable que personas no formadas en la disciplina y sin experiencia puedan hacerlo de forma satisfactoria en unos pocos días. Lo ocurrido en Sentinel es un reflejo del impacto del pensamiento occidental y su ansia de imponer, colonizar y llevar “la verdad” a todos los rincones del planeta. Una “verdad” que durante siglos ha causado estragos en las más variadas culturas, sobre todo entre los pueblos indígenas, produciendo aculturación, migraciones forzosas, dominación, desarraigo y rotura de la estructura social, homogeneización, expolios, además de contagio fatal de enfermedades que ha diezmado poblaciones. La ignorancia y la falta de respeto hacia las decisiones de otros pueblos tienen desenlaces como el del caso que nos ocupa en este artículo. Ese deseo de creernos en posesión de la verdad, de mostrar las bondades de nuestro modo de vida o de nuestras creencias y de imponer el “buen camino” a otros pueblos debería tener ya los días contados. Lamentablemente, este pensamiento desarrollista supremacista no tolera ni comprende que en este siglo aún haya comunidades cuyo modo de vida no sea el industrial, que no practiquen tal o cual religión y que quieran mantenerse fuera de los márgenes del sistema globalizado. Y a todo esto se une otro aspecto colateral de la globalización: el turismo neoliberal para el que no existe ningún tipo de frontera, en el que todo está permitido y que persigue ansioso imágenes y selfies allá donde nadie (¿Nadie? ¿Seguro?) o muy pocos han estado. Son los que creen ser los nuevos “Doctor Livingston” o “Thomas Cook”, viajeros “influencers” de las redes sociales, pero sin la más mínima formación ni conocimiento sobre aquello que se van a encontrar.

Los Sentineleses, los Jarawas, así como el resto de pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario en todo el planeta han dejado claro que no desean contacto con el mundo exterior. Pero en muchos casos, se sigue insistiendo: bien por la curiosidad que genera algo tan “exótico” para algunos, bien porque los recursos medioambientales de su entorno son objeto de ambiciones empresariales y gubernamentales o porque se considera que son pueblos atrasados que deben evolucionar. Y yo me pregunto, ¿en qué sentido hablan de evolución? Los pueblos indígenas viven en total armonía con el medio, son autosuficientes y están completamente adaptados (siempre y cuando no se interfiera en sus territorios). ¿Acaso esto no es evolución humana? Sin embargo, nuestra forma de pensar mezcla conceptos y nos lleva a confundir evolución con progreso y progreso, con progreso económico (en el cual no se prioriza al humano). No podría ser de otra manera, teniendo en cuenta que vivimos bajo el yugo de una economía neoliberal globalizada y globalizante que no permite disonancias de ningún tipo. Llamarlos atrasados no es sino una excusa que se viene usando desde tiempos coloniales y con más fuerza desde 1949 cuando en su discurso el presidente estadounidense Truman pronunció con fuerza ante el mundo la palabra “subdesarrollo” y legitimó la subyugación inmediata de dos terceras partes del planeta en favor de políticas desarrollistas (¿desarrollo? El occidental, ¿supongo?).

La “domesticación” de lo llamado “salvaje” todavía está muy presente en este pensamiento colonialista. Los prejuicios, el desconocimiento, la falta de interés por conocer y respetar a otros pueblos conducen a verlos como protagonistas de una foto fija en el tiempo, estáticos, prístinos, primitivos o paleolíticos, con un modo de vida que no ha cambiado desde hace miles de años. Pero es imposible que un pueblo haya mantenido intactas todas las características de su estilo de vida a través de tanto tiempo. Nada es estático, todo sigue un proceso y todo cambia. Que haya cambiado menos o de forma diversa no debería convertirlos en objeto de sensacionalismos. Titulares mediáticos como “La tribu más inexplorada del planeta”, “La tribu más hostil del mundo”, “La tribu más peligrosa del mundo que no conoce la civilización”, “Los últimos cazadores-recolectores” demuestran este pensamiento del que hablo, el cual probablemente siga siendo más estático que los modos de vida de estos pueblos indígenas. El lenguaje influye en la “realidad”, cuando no la crea y la construye. Cada vez que sale en prensa una comunidad de cazadores-recolectores parece ser la última del mundo, teniendo en cuenta que actualmente comunidades con este estilo de vida habitan territorios en cuatro de los cinco continentes. Por otra parte, cómo saber si estamos hablando de la tribu más inexplorada o más aislada del planeta si ni siquiera tenemos constancia de absolutamente todos los pueblos indígenas que probablemente existan. Por último, los calificativos de hostil y peligrosa podrían muy bien aplicarse a la tan aclamada civilización de la que tanto se hace alarde.

Pero, veamos qué hay detrás de este aislamiento voluntario y de esa supuesta falta de contacto con la civilización.

No se sabe con certeza cómo llegaron a Sentinel del Norte. Algunos afirman que proceden de una de las migraciones que se produjeron desde África hacia Asia aproximadamente hace 55.000 años. Otros piensan que provienen de naufragios de barcos que transportaban esclavos africanos. Cierto es que la ruta marítima del comercio que cubrían los barcos procedentes de África e India en su camino hacia China pasaba por el Canal de Diez Grados y por el Estrecho de Malaca. Lo que sí se sabe es que los Sentineleses se encuentran entre las escasas tribus asiáticas que pertenecen a los pueblos ‘negrito’, con una afinidad étnica considerable con otras dos comunidades aborígenes: los Semang de Malasia y los Aeta de Filipinas. Los Sentineleses son considerados una de las tribus más aisladas y menos conocidas del planeta (pero no es ni la más aislada ni la más desconocida, como si estuviera en el top del ranking. ¿Por qué se tiende a comparar y jerarquizar todo?)

Se han producido breves visitas a Sentinel del Norte por parte, primero de británicos, y más tarde de indios. Los Sentineleses, sin embargo, han conseguido defender sus costas del influjo de la civilización con el uso de arcos y flechas. Han dejado claro en varias ocasiones que no les gustan las visitas, rechazando durante años el contacto y los regalos que el gobierno indio les hacía llegar. La primera vez que aceptaron dichos regalos fue en 1991. Sus vecinos, los Jarawa, los llevan recibiendo desde 1974. Lamentablemente, los Jarawa han vivido peor suerte desde hace más de un siglo: han tenido que enfrentarse a secuestros, asesinatos, incendios y saqueos llevados a cabo por los británicos. Además de esto, fueron ocupados por los japoneses sufriendo bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, la construcción de la carretera Andaman Trunk Road ha hecho mella en su territorio, sufren contagios de enfermedades, la caza furtiva afecta a sus recursos, etc.

En cuanto al tipo de “regalos” que se facilitan a los Sentineleses, cada dos meses se les lanzan cocos (no nacen en la isla pero les encantan), plátanos, piezas de hierro y herramientas. También se les deja caer tela de color rojo, la cual es abandonada en la playa a diferencia de los Jarawa, que la recogen y es usada por las mujeres.

Según el testimonio del antropólogo T.N. Pandit, quien llegó a la isla el 26 de abril de 1967, los Sentineleses vivían en chozas temporales. Pudo ver que en cada una de las cuatro esquinas de cada casa había un fuego y que cada fuego estaba cercado por palos colocados en vertical para prevenir incendios. Además de para iluminar, usaban el fuego para protegerse de las alimañas. Alrededor de las cabañas había cráneos de la especie de cerdo endémico local así como otros muchos objetos, algunos de ellos de plástico. En ese momento, los Sentineleses se mantenían ocultos en la selva. En contra de la postura de T.N. Pandit, los oficiales de policía que formaban parte de la expedición autorizaron a coger artefactos de los indígenas dejando a cambio más “regalos” en las cabañas. Entre los artefactos había un ajedrez de madera que ahora se encuentra en el Museo de Antropología de Port Blair (capital del archipiélago de Andamán y Nicobar). No se ha clarificado si es una obra realizada por los Sentineleses o llegó a sus costas desde el mar.

En el año 1974 tuvo lugar un acercamiento a la isla, pero respondieron con flechas como advertencia. Se tomaron fotografías por primera vez y se dejaron regalos en la playa. Entre ellos un cerdo, que fue alanceado por un hombre y enterrado en la arena durante la noche sin ser consumido.

El 4 de enero de 1991, T.N. Pandit y sus colegas se encontraron con 28 hombres, mujeres y niños Sentineleses en la costa de la isla, esta vez sin armas. Aprendieron que la ropa no tiene mucho sentido para la tribu, quienes intentaban desnudarlos para descubrir qué es lo que querían ocultar tan misteriosamente debajo. Así, durante 24 años de encuentros fallidos en los que los indígenas los recibían con armas o dándoles la espalda y sentándose en cuclillas  simulando defecar, progresivamente se fueron mostrando menos hostiles y más juguetones. Al final, los antropólogos ya practicaban el saludo sentinelés: sentarse en el regazo de un amigo y darse palmadas activamente en la nalga derecha.

Hasta los estudios de Radcliffe-Brown no se distinguía a los Sentineleses de los Jarawa, habitando estos últimos en Andamán del Sur. Describe en su obra una especie de refugio comunal de planta rectangular, con el techo soportado por tres filas de pequeños postes. Dentro de él, doce hogueras y cada una de ellas con una plataforma hecha de palos para conservar la comida. Según sus observaciones, dormían en el suelo encima de algunas hojas, y enterraban a los niños dentro de la cabaña, colocando como ofrendas nautilus y otras pequeñas conchas encima de sus tumbas. También describe cómo los Sentineleses habrían construido canoas diferentes de las de otros pueblos cercanos adaptadas a los arrecifes poco profundos que rodean la isla. Además de flechas, arcos y lanzas para cazar cerdos salvajes y lagartos monitor, utilizaban cestas para recolectar fruta en la selva, cubos de madera para recoger miel y redes para pescar. Todo ello hecho a mano por ellos.

Se desconoce con qué nombre se designan a sí mismos y cómo se organizan socialmente, pero se sabe que llevan una vida semi-nómada dentro de la isla. En cuanto al fuego, se asegura que no saben producirlo, pero sí mantenerlo. También se ha hablado de que ya conocían el metal antes de que se les facilitara desde el aire, el cual transformaban en puntas para sus flechas. Parece que el mar les provee de más cosas aparte de alimentos. Los naufragios y los desechos que terminan en el mar acaban llegando a sus costas.

Desde que el ser humano se gana la vida en la Tierra, el 99% de este lapso hemos sido cazadores-recolectores, los últimos pocos miles de años, agricultores y ganaderos, y los últimos pocos cientos, trabajadores de una sociedad industrial. De acuerdo a ello, el 60% del total de los humanos hemos sido cazadores-recolectores, el 35% agricultores y ganaderos, y solo el 5% hemos sido testigos del estilo de vida de la sociedad industrial.

Los Sentineleses llevan décadas viendo aviones, objetos ajenos a su territorio, restos de naufragios y basura que arriban a su isla, etc. Ha habido y hay contacto, pero solo en un mínimo sentido. Ellos no quieren un contacto permanente, desean mantener sus costumbres y vivir aislados de forma voluntaria. ¿Por qué no dejar que sigan así? Nuestra concepción occidental del mundo es solo una interpretación más en un enorme mosaico de culturas, constructos culturales que obedecen a una cosmovisión concreta. No conocemos la interpretación que los Sentineleses tienen del mundo, ni cuál es su cosmovisión, pero sí sabemos que desean seguir en su isla, practicando su modo de vida, y que no quieren extraños que puedan suponer una amenaza. ¿Seremos capaces de respetarlos?

(Artículo originalmente publicado en www.anthropologies.es)

 

REFERENCIAS:

-        Shelton, D., Vaz, A., Huertas, B., Camacho, C., Bello, L.J., Colleoni, P., Proaño, J., Mahecha, D., Franky, C.E. (ed) y la Unión de Nativos Ayoreo de Paraguay e Iniciativa Amotodie (2012). Pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial. IWGIA e IPES.

-        https://www.nytimes.com/2017/05/05/world/asia/anthropologist-india-andaman-island-tribes.html

-        http://www.pierreevald.dk/misc_files/andaman.htm

-        https://www.independent.co.uk/news/world/islanders-running-out-of-isolation-tim-mcgirk-in-the-andaman-islands-reports-on-the-fate-of-the-1477566.html

-        https://www.survivalinternational.org/tribes/sentinelese

-        https://www.survival.es/articulos/3111-preguntas-respuestas-pueblos-indigenas-aislados

-        https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46298826

-        https://www.independent.co.uk/voices/american-missionary-john-chau-killed-arrow-sentinel-island-india-christianity-a8650856.html

-        http://www.probashionline.com/madhumala-chattopadhyay-first-friendly-contact-with-the-sentinelese-jarawa-andamans/

-        Imagen 1: https://es.wikipedia.org/wiki/Isla_Sentinel_del_Norte

-        Imagen 2: https://www.eslang.es/conocer/no-son-hostiles-solo-dicen-dejanos-en-paz-habla-triloknath-pandit-superviviente-en-sentinel-del-norte_20181127-n.html

-        Imagen 3: http://www.probashionline.com/madhumala-chattopadhyay-first-friendly-contact-with-the-sentinelese-jarawa-andamans/

 

 

 

 



 

ASIGNATURA SUSPENSA

Por Gerardo Rodríguez Mirallas. Profesor de biología en el Colegio Ntra. Sra. Del Carmen de León y Documentalista del proyecto de divulgación “El Juego de Darwin". 

 

Nuestra civilización acaba de suspender una prueba importante.

Creíamos que nuestros conocimientos serían suficientes para lucirnos en competencia sanitaria, solidaridad y responsabilidad. Con virtudes de opereta, catear es lo esperable si viene un examen imprevisto.

Un virus no demasiado virulento ha provocado el caos en la gestión gubernamental, la rapiña de mascarillas y respiradores durante las escalas en países “amigos” y el comportamiento irresponsable de una población que no ceja en su picaresca hasta rayar la estupidez.

Por primera vez, desde que la mente humana consiguió pulverizar la competencia ecológica, hemos perdido una batalla global frente a la naturaleza; lo que era una madre esclavizada y ciega, parece haberse erizado para lanzarnos una imprecación y reventarnos el tinglado logístico de la civilización.

Y es que todo es cuestión de tiempo; si puede pasar pasará. La naturaleza es paciente y tiene memoria para penalizar todos los excesos de la especie. Si no es ahora será dentro de cincuenta años o de mil, si no es con 8.000 millones de seres humanos será con 10.000 o con 20.000, si no es por el cambio climático, será por una hecatombe sanitaria… o por todo junto, porque todo está relacionado.

Cuando los problemas desbordan la gestión política e ideológica, no basta con delegar temporalmente a la tecnología la búsqueda de soluciones, sino que la situación obliga a abdicar en la ciencia para tomar decisiones correctas sobre problemas reales.

Pero esto sólo será imposible si hay un consenso de la sociedad sobre qué problemas son prioritarios, y eso se hace con conocimientos objetivos y valentía para asumir medidas. Mientras la emergencia de una enfermedad sea más intimidante que el cambio climático y que la pérdida de biodiversidad, no comprenderemos que lo primero es causa de lo segundo. Y mientras los valores morales no tengan a la ciencia como viento de cola, la sociedad se quedará varada en diatribas ineficaces entre sectores ideológicos antagónicos, porque esto no se soluciona tirándose mocos unos a otros. La realidad es muy tozuda y ningún impostor con labia podrá esconderse detrás de la consigna “hago el bien” u ofrecer un cordero en sacrificio esperando dar la campanada y ser recordado por un gesto memorable. Si los políticos no optan por cortar el brazo para salvar el cuerpo, tarde o temprano la gangrena se habrá extendido y provocará un colapso.

Es un problema ontológico en la base y epistemológico en la superficie. Carecemos de la consciencia de un valor universal en el que debería militar todo el mundo y todas las ideologías: el respeto a la Vida.

La Vida tiene su base en los procesos que ocurren en los espacios naturales. Y aquí es donde un viejo aforismo adquiere toda la potencia: no se protege lo que no se valora, no se valora lo que no se conoce.

Esto hay que construirlo desde la base, en la educación. Pero para ello debe haber unas directrices claras que den respaldo y motivación a los educadores y a las familias, responsables de proporcionar la base moral e intelectual de los jóvenes.

Sorprende preguntar a los alumnos de bachillerato por el calentamiento global y que respondan que es una hipótesis catastrofista. Esto no es algo aislado. Sorprende que a estos alumnos españoles se le pregunte por una especie en peligro de extinción y respondan “la mofeta” o algo peor. Sorprende que se les pregunte por un parque nacional español, por un par de ríos de su provincia y por una especie arbórea dominante en la España mediterránea, y nadie sepa responder, ¡ni uno!. Que se les pregunte por Félix Rodríguez de la Fuente y que ninguno haya oído hablar de él.

¿Qué está pasando? Está claro, hemos suspendido y seguiremos haciéndolo (la sociedad, no los alumnos, que son sujetos pasivos de la educación); pero, mientras tanto, la naturaleza, ya sea en forma de virus zoonótico desmadrado o de catástrofes naturales, actuará como un auténtico látigo que como especie nos llevará a las puertas del purgatorio.

Pero que nadie piense que el planeta es vengativo. Todo responde a leyes causales e invariables, sin prebendas para los fueros y privilegios de la especie elegida. Atengámonos a ellas.

Si queremos defendernos de desastres, debemos empezar a darle a la biología ambiental, a nuestro patrimonio natural y a nuestros seres vivos la importancia que tienen. Así, con la ciencia y un código cimentado en las leyes ecológicas, la curiosidad de nuestros jóvenes se convertirá en asombro cuando vean un rebaño de ovejas trashumantes, un roble milenario barrenado por el rayo, una nutria en el río o un caballo de Prewalski en una reserva educativa. Que el verdadero dilema de los espacios naturales sea cómo conservarlos para denotar su función de enormes museos vivientes que nos sirven oxígeno, agua, clima, ganado, defensa frente a plagas y enfermedades y disfrute espiritual. Que el rechazo al plástico, a los incendios o a los venenos sean parte de la lealtad insobornable a nuestra tierra. Que el patrimonio admirado no sean sólo obras humanas, sino los arcanos ocultos en los bosques y las prístinas orillas del mar, que aún quedan sin sepultar bajo urbanizaciones para alojar a pellejudos y barrigones…

Vivimos en un tiempo prestado y esto no se soluciona con achuchones y arcoíris, ni siquiera con la intervención estelar de la ciencia. Es necesario vincular el conocimiento a los valores y que esos valores prioricen el respeto a la vida salvaje.

 

 



La Miseria de los “Inser-viles”

por Eduardo Cerdá. Director Paleolítico Vivo

 

La vida de las personas produce destellos de odio en ocasiones puntuales allá donde se produce genera un impacto psicológico negativo dentro de nuestra zona de confort. Se debe tener muy presente que los humanos somos primates y como tales conservamos nuestros instintos primarios intactos, la agresividad, el flechazo repentino, el ataque físico improvisado, la hiperreacción por salvar una vida, etc. Acciones buenas o malas de gran contraste pero que tienen su origen en la misma parte del interior de nuestra cabeza.

 

Conservamos una parte denominada cerebro reptiliano que tiene funciones cognitivas y garantiza nuestra supervivencia, tiene respuestas directas, reflejas e instintivas. Se trata de una zona diferenciada en el tronco del encéfalo y el cerebelo muy antigua. Un área que fue de las primeras en desarrollarse. Se encarga de mandar una señal como un resorte a velocidad luz cuando nos vemos amenazados, nosotros o aquellos a quienes amamos. Es la acción-reacción inmediata que hace que, por ejemplo,  una víbora aparezca como un rayo entre las matas y nos muerda el pie al pisar cerca de ella. Nuestro cerebro sigue una pauta idéntica cuando se expone a esos peligros latentes repentinos. Pero lo más aterrador de todo, es que es imprevisible.

 

Las malas reacciones, en ocasiones desmedidas en una sociedad como la nuestra, vienen desencadenadas en muchos casos por uno de los pecados capitales que nos asolan; la envidia. Cuando los romanos entraron en la península ibérica sentenciaron: “En Hispania, la envidia, por norma”. Vivimos en comunidades donde paradójicamente cierta masa de personas siente malestar psicológico y ansiedad crónica cuando a su vecino le funcionan bien las cosas y disfruta condenando su éxito. Son víctimas de desilusiones reprimidas que tienen ya difícil solución, o de complejos que habría que haber tratado en la niñez. La educación, el trabajo en la autoestima y permitir un sano libre albedrío, debiera ser obligatorio para que los niños dejen volar la imaginación y soñar muy fuerte. Y así, de este modo, poco después se convertirán en personas más justas y menos egocéntricas.

 

Rodríguez de la Fuente es el claro ejemplo de una semilla bien cuidada en las macetas familiares y hogareñas de Poza de la Sal. La absoluta libertad que le otorgó su padre en la infancia para descubrir el planeta, para experimentarlo desde las tripas y sobretodo para concienciarse en protegerlo, hizo que se convirtiera años después en el icono que fue y que sigue siendo. Félix, también sufrió en primera persona campañas de determinados sujetos que por inquina personal trataron de acabar con su carrera y su legado.

 

La educación en las primeras etapas de la vida va a producir que el mismo niño con todo su potencial comprimido y deseando estallar, deflagre hacia un premio nobel en astrofísica o a un psicópata asesino en serie. En ambos casos el individuo goza de una gran inteligencia, pero esta puede derivar hacia un lado o al otro dependiendo de quien calibra la balanza en casa. Allí es donde están los modelos a seguir, allí están las pautas de futuro y allí están los sentimientos y conductas que aflorarán poco después en la adolescencia.

 

Si queremos luchar por un planeta azul y por una humanidad mas honesta es de vital importancia ayudar a forjar en casa de manera equilibrada una personalidad transparente, mostrando a nuestros hijos los valores que necesitan comprender para que la tierra siga verde e indicando cual es el camino de la cooperación y de la ayuda al ser vivo débil.

 

Ahora mismo, mientras lees estas líneas, tus hijos juegan a un lado, escuchan tus palabras y absorben tus reacciones aunque no te des cuenta. Están metidos en tu maceta recibiendo todo el nutriente que florecerá en rosas, en hierbajos o en espinos. En tu mano está saber regarla hoy con la más inocente de las esencias si lo que deseas es criar simplemente a una buena persona.

 

Mientras tanto, individuos tóxicos de débil intelecto y mal asesorado seguirán desestabilizando, difamando y envenenando a los justos, emanando todo un caudal de frustraciones sobre nuestras conciencias y sobre nuestros cobardes grupos de Whatsapp donde los mediocres aplauden y los íntegros guardan silencio.

 

 



 TODO EL PLANETA, PARQUE NACIONAL

por Juan Luis Arsuaga. Co-Director de Atapuerca. 

Asesor científico de Paleolítico Vivo

 

Si tuviera unos prismáticos lo suficientemente potentes me gustaría ver lo que está pasando en el campo estos días en los que los seres humanos estamos encerrados en nuestras casas y no hay nadie más allá de los núcleos urbanos. Si por nadie nos referimos, claro está, solo a los seres humanos, porque el campo está lleno de gente. Otra clase de gente, que no habla, pero que en esta época del año canta y mucho. Nos estamos perdiendo la primavera, pero los animales la tienen toda para ellos.

 

Normalmente la noche es suya, porque los humanos solo somos visibles de día. Por la noche estamos callados y concentrados en una parte mínima del territorio. Me gusta pensar que hasta el alba toda España es un parque nacional. Pero ahora lo es las 24 horas del día y los corzos que están naciendo no han conocido al ser humano ni aprendido a temerlo. Algunos animales incluso están entrando en las ciudades, como si quisieran averiguar qué nos pasa que no salimos a la calle.

 

De la tragedia que estamos sufriendo estos días tenemos que sacar algunas lecciones. La manera de habitar el planeta los miles de seres humanos que formamos la especie es una de las más importantes. Me gustaría pensar que cuando volvamos al campo lo sabremos mirar como si fuera la primera vez, y que empezaremos de cero una nueva relación.

 

Mientras tanto, oteo desde la ventana de casa con mis prismáticos de poco aumento. A lo mejor veo pasar un águila.

 

Artículo publicado originalmente en el periódico digital de la Fundación Atapuerca. www.atapuerca.org

 



 

 

LOS CARROÑEROS, EL ESLABÓN ANTIPÁTICO

por Estefanía Muro. Bióloga responsable de Paleolítico Vivo.

 

Hace apenas unas semanas hablábamos de las serpientes, esos seres tan odiados y temidos, tan repudiados y tan injustamente castigados a lo largo de la historia del hombre. En esta ocasión he elegido otro grupo poco simpático para la sociedad, pero de una importancia ecológica fundamental. Los carroñeros.

 

Eso si, cuidado; no todos los carroñeros los vemos con los mismos ojos. No es lo mismo pensar en los buitres o los cuervos, que en un oso, un lobo o un jabalí, y al fin y al cabo, siendo más o menos estrictos, todos son comedores de carroña. Así pues, los primeros, no sé si por no tener pelo, o por ser los más puramente carroñeros son los que gozan de menos simpatía.

 

De esta manera se refería Félix Rodríguez de la Fuente a uno de nuestros buitres más amenazados de la Península Ibérica, el buitre negro:

 

 “Una criatura que, si en el mundo de la naturaleza se hicieran comedias o dramas o tragedias, ocuparía ese papel entre triste, simpático e irónico que ocupa la funeraria, el sepulturero, el hombre que prepara los cadáveres… quien en definitiva hace oficio y vida de la muerte”

 

A mi, al igual que a Félix, no me desagradan en absoluto, pero sobre todo creo que es importante recordar la enorme responsabilidad ecológica en las cadenas tróficas que tienen estos grupos.

 

¿Se imaginan por un momento un mundo sin ellos, sin los sepultureros? De todos es conocida la función sanitaria que realizan los carroñeros, ya que al procesar un cadáver están evitando la trasmisión de enfermedades y la contaminación del medio, especialmente si hay cursos de agua cerca. Y es que, nuestros ya un poco más amigos los buitres, poseen un sistema digestivo especializado que les permite comer carne que para otros animales sería tóxica por la acumulación de microorganismos que se cumulan en los cuerpos en descomposición.

 

Pero no debemos quedarnos sólo con esto. A la tragedia de la muerte de un ser vivo le sucede la oportunidad del milagro de la vida para muchos otros. Es el famoso ciclo de la vida que explicamos a nuestros hijos. La muerte de unos es la esperanza de otros, un ciervo que muere puede ser la esperanza para una nueva camada de zorros, tejones, una pollada de buitres o incluso de nuestra imponente águila imperial.

 

Por el momento todo empieza a parecer más bonito, aunque estemos hablando de muerte. Ahora llega la parte fea, y es que, aunque estamos viendo que las carroñeras cumplen esa función importantísima como sanitarios del bosque, la sociedad les hemos dado la espalda. Hemos modificado ese eslabón que hace que la cadena funcione perfectamente. Me explico. En la naturaleza todo está cohesionado, y en este proceso existe una interdependencia entre los carroñeros que estamos obviando.

 

Imaginemos de nuevo un animal que muere, los buitres van a detectarlo desde el aire. Se ha discutido mucho sobre cómo localizaban los cadáveres, se sabe que lo hacen a través de la vista, una vista excelente, que en muchas ocasiones lo que busca es el destello irisado de aves más pequeñas como los córvidos, que son los primeros en acceder a la carroña. Estas pequeñas aves dan buena cuenta de ojos, lengua o pequeñas heridas que pueda tener el cadáver. Pero serán los grandes carroñeros alados los que abran con su fuertes y poderosos picos la piel para poder acceder al resto del animal. Atraídos por la caída en cascada de los buitres otros, como lobos o zorros acudirán al festín. El jabalí dará buena cuenta de la dispersión de los huesos y los descomponedores como hongos y bacterias se encargarán de la destrucción más silenciosa del cadáver.

 

Pues bien, en España, el ganado doméstico supuso siempre el aporte más importe de alimento para los carroñeros. El problema llega en 1999 con la famosa enfermedad de las vacas locas, la encefalopatía espongiforme bovina. Se prohíbe por tanto el abandono de cadáveres y se insta a su destrucción en plantas especializadas. Los carroñeros pierden buena parte de su alimento y nosotros le lanzamos toneladas de CO2 a la atmosfera en el trasporte y quema de los restos animales. Una vez más, la mano del hombre daña a nuestra Madre Tierra. Diez años tuvieron que pasar para que intentásemos mitigar esto, flexibilizando el uso de muladares y permitiendo el abandono puntual de cadáveres en lo que se llaman las “zonas de protección para la alimentación de aves necrófagas de interés comunitario” (ZPAEN)

 

Es un intento, pero bajo mi punto de vista es insuficiente. Los ZPAEN no se han implementado lo suficiente y limita el aporte de restos animales; y los muladares están en puntos fijos lo que hace que unos carroñeros estén en desventaja frente a otros. Colonias de buitres que conocen el aporte de carroña sin dejar tiempo a que accedan los primeros consumidores son la primera de las barreras, pero es que el resto de la cadena también se ha roto. Los muladares están vallados, cimentados y con foso, lo que hace que el aporte sea casi de manera exclusiva para los buitres, pero, ¿y qué pasa con el resto? ¿dónde está la carroña para el zorro, el tejón o el jabalí? Ellos tendrán que buscar su alimento en otro sitio, quizás por eso cada día sean clientes más habituales de vertederos y lugares humanizados.

 

No es fácil reparar la cadena que hemos dañado, pero quizás sea un buen empiece recordar que paradójicamente la vida va de la mano de la muerte y que ésta, muchas veces ejerce de matrona.